La cultura quiere ser 2.0

En las últimas semanas he asistido con Concepto05 y  G3mil a varias reuniones, debates y comentarios sobre cómo el sector cultural puede aprovechar la oportunidad que significa el mundo 2.0. Parece que las instituciones culturales también están viendo esta necesidad, como otros muchos sectores, de incorporase a la ola de los medios sociales.

Sin duda creo que el sector cultural es uno de los que pueden sacar más provecho a estas nuevas posibilidades y no deja de sorprender que no se esté haciendo más. En cualquier caso muchas de las dudas que se están planteando para la gestión cultural son las mismas que nos hemos planteado en el mundo del social media marketing en general desde hace ya algún tiempo. La cultura es especial y diferente pero también es distinto un banco de un restaurante. Precisamente estas «especialidades» son las que hacen que la respuesta para muchos de los debates planteados sea la misma: Depende de tus objetivos.

Hace algún tiempo que me recalco a mí mismo la necesidad de no dar nada por obvio y creo que para ayudar a este debate lo primero es empezar por el principio. Y bien, ¿qué es eso de 2.0? Pues el 2.0 no es más que la posibilidad que ofrece Internet para que en un sitio web no sea sólo el administrador de la web el que escriba, sino también los usuarios que la visitan. Un cambio así de tonto está propiciando todo este boom y que nazcan nuevas compañías y empresas capaces de poner en jaque industrias asentadas desde hace más de un siglo.

Las consecuencias a nivel conceptual de este cambio es que se pasa de una comunicación unidireccional a una bidireccional. Coge fuerza el concepto de comunidad como un conjunto de usuarios que con un interés común y de una forma más horizontal comparten contenidos. Las posiblidades que se abren en este contexto son infinitas y la prueba es que cada día nacen proyectos que trastocan las relaciones entre las personas y que tienen consecuencias que se estudiarán, sin duda, en los libros de historia. De este nuevo contexto y su filosofía habla esta reflexión de ZEMOS98 tras su experiencia en el CCCBLab.

No deja de resultarme curioso cómo con todo este paradigma sobre la mesa, el debate no verse tanto sobre qué se puede hacer, sino acerca del cómo hacerlo. Si con un Community Manager, si con toda la organización participando, si externalizando algo, todo o nada, etc. Como si en vez de la luna, escrutásemos una y otra vez el dedo que la señala.

Desde mi punto de vista lo primero es pensar en todo lo que podemos hacer y depués ver qué podemos hacer y cómo, no al revés. Tratar de adivinar el cómo sin saber el para qué es un terreno en el que las lógicas son todas resbaladizas y de poco vale consultar a gurús o bolas de cristal. Dicen que para el que no sabe a dónde va, cualquier camino es bueno.

Y es que los medios sociales en el mundo cultural pueden valer para muchas cosas. Entre otras:

  • Para divulgar actividades, eventos y exposiciones. Esta es una de las líneas que más se están utilizando pero no por ello la que más optimice las posibilidades del medio. Un ejemplo de proyecto de divulgación es el propio G3mil.
  • Para la creación artística. Proyectos basados en la creación por parte del usuario. Como puede ser el caso de un proyecto tan sencillo como acertado, Escoitar.org
  • Investigación. En la red tenemos infinidad de conocimiento en bruto de utilidad para el mundo cultural, aprovechémoslo y devolvámoslo.
  • Aprendizaje. Si es abierta, la organización puede utilizar estos medios para mejorar su oferta y su funcionamiento en función de las sugerencias de los internautas.
  • Conocimiento colaborativo creando espacios que permitan la puesta en común de saberes.

Ser 2.0 no creo que consista simplemente en tener una página de Facebook. Los hay que incluso en Facebook son 1.0. Al final, sólo se trata de experimentar y crear contextos para la participación empapándose toda la organización del resultado. Algo tan fácil y, a la vez, tan complejo. En un primer lugar hay que querer ser 2.0 realmente y después hacerlo lo mejor posible. Esto no es más que generar una participación no en bruto sino orientada. Lograr la implicación de una comunidad concreta (visitantes, artistas, investigadores, etc.) y generar un debate con un planteamiento claro.

Partiendo de una definición específica de los objetivos y las comunidades a las que queremos llegar todas las demás decisiones resultan mucho más sencillas.

Foto: Héctor Milla

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